Una empresa que no encuentra límites

Haber perdido su empleo y tener discapacidad visual no fueron inconvenientes para que doña Francisca Luz Aguirre y su esposo decidieran crear el Taller Prolisin, una empresa dedicada a elaborar trapeadores que, gracias a su calidad, hoy en día son exportados a Estados Unidos.

Todo comenzó durante la crisis de 1994, cuando la señora Aguirre y su marido fueron despedidos de la compañía donde laboraban. La situación parecía crítica, ya que en una época financieramente complicada, les sería aún más difícil hallar trabajo, tomando en cuenta sus problemas de visión. Pese a ello, el matrimonio hizo de tales inconvenientes los principales catalizadores de su espíritu emprendedor, al decidir que era momento de inaugurar su propio negocio.

Un curso de capacitación fundó los inicios del Taller Prolisin y su proceso productivo, que se lleva a cabo sin riesgo alguno para sus 6 empleados –4 de los cuales también tienen discapacidad visual–, ya que se trata de una actividad eminentemente manual que realizan con facilidad.

Además, “la vista no ha sido impedimento, y nunca lo será, para poder elaborar, ahora en un negocio, qué digo negocio, empresa familiar, los mejores trapeadores de calidad del norte del país”, asegura doña Francisca.

Dicha motivación la llevó a contactar al Fondo Nacional de Apoyo para Empresas de Solidaridad (FONAES), que en 2009 le otorgó un crédito por 90 mil pesos, con los cuales adquirieron maquinaria y materia prima, aumentando considerablemente su producción.

Hoy por hoy, el Taller Prolisin vende más de 8 mil 400 trapeadores mensuales en diversas ciudades de Sinaloa, además de Hermosillo, Sonora, La Paz y Los Cabos e incluso ya exportan 720 trapeadores mensuales a Phoenix, Arizona.

Ahora la siguiente meta de doña Francisca y su marido es reducir los costos de producción y hacer de su un negocio una empresa más competitiva.

“Queremos crecer y demostrar que el ser invidente no es limitante. ¿Alguna vez han imaginado que nosotros comercializamos por Internet? ¿Cómo, si somos ciegos? Pues, aunque no me lo crean, mi vida es normal; tengo mi computadora, escribo correo, envío cotizaciones, llevo el control administrativo y contable de mi empresa, incluso mi esposo está por entrar a estudiar Derecho, y así nuestra empresa cada día será más fuerte”, comenta.

Karina Hernández Barrera

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