¿Qué guardo en la caja fuerte?

38 izquierda cuatro vueltas, 29 derecha tres veces, 77 izquierda una y dos jalones hacia mí. De la misma manera en que debo cantar aquello de “los dientes de abajo se cepillan para arriba, los dientes de arriba se cepillan hacia abajo y las mulitas alrededor, alrededor, si no digo en voz alta la configuración de la chapa nunca logro atinar a que la caja fuerte abra.

Casi siempre termino por un acalorado ¡cieeeloooooooo! Invocando a mi esposa quien casi siempre también, pareciera tener un chip en su bolso que en cuanto se acerca apenas a dos pasos de mí…. se abre la combinación; por supuesto, el reclamo es avasallador ¡y para qué me haces subir hasta acá si ya pudiste!

La verdad es que pocas cosas guardo en la caja fuerte, además de todas las cajitas de las cosas de mi esposa y un par de relojes. ¿Qué tienes en esa cajita de piel papito? Preguntaron los ojos luminosos de mi hijo más pequeño, acompañados con una curiosa manita que por poco se queda sin dedos en cuanto ladré: ¡nada hijo, nada! Al mismo tiempo en que presuroso  cerraba la puerta y giraba al mismo tiempo. Y es que, como adolescente manoseando a su novia, fui descubierto embobado en las mieles de los recuerdos.

Déjame compartirte: En esa cajita de piel un buen duende podría encontrar las fallas del sistema postal mexicano, quien se ha equivocado  hace  más de 12 años y se empeña en hacerme llegar sobres manchados de hollín con peticiones de luz, alegría y amor. Un poco más abajo cualquier paleontólogo tendría severos problemas en descifrar el peculiar hallazgo de cuantísimas piezas de marfil con 3 adn´s diferentes pero con coincidencias en la cadena de la hermandad y es que por alguna otra sospechosa razón, el ratón Pérez consideró que mi caja fuerte era más segura que la suya en lo que toca ciertas piezas de incalculable valor.

Y qué decir de aquella servilleta pintarrajeada con las manitas de mi hija hace 9 años, justo esa que está debajo de la otra, la que tiene la huella del piececito de mi segundo hijo justo del día que nació con la advertencia del pediatra… “he aquí su primer documento oficial firmado y lacrado… a lo mejor nos sale Notario”.

El que sin duda no puede ocupar mejor espacio es aquel dibujo del más pequeño que sin conocerla retrata a su  bisabuela justo el día en que ella terminó de tejer el chaleco que me regalara a los ocho años y que dos días antes de la pintura habría yo heredado en su nombre a semejante querubín.

Por supuesto no pude menos que tropezarme con la coneja de plástico que obsequié a mi esposa cuando aún no lo era y que no parecía tan económica y sencilla cuando se la ofrecí con todo y mis promesas y tejidos de sueños compartidos, testimonios de muchos de los cuales la acompañan en esa misma caja fuerte.

Si amigos, esa cajita de piel está llena de las cosas que más atesoro, está llena de recuerdos y navidades, de festivales del día del padre o madre, de cosas ingenuas pero robustas de valor. Si estimados amigos y amigas, esos tres pillos con sus alegrías y desobediencias logran producir más riqueza en mi vida que cualquier cotización, evento, factura o contrato.

Como buenas inversiones, estoy seguro que la pequeña cajita de piel sabrá incrementar su valor en el tiempo, ya sea con depósitos de nuevos valores, ya sea porque comparta con ellos los recuerdos, cuando tengan edad de recordarlos, cuando sepan con toda la conciencia que mi amor era de ellos y que lo cambiaba por pedazos mismos de su infancia.

Te deseo sinceramente : Que tu caja fuerte esté completamente llena de valores y sí tanto papel inservible no le deja espacio (acciones, títulos, facturas y escrituras), manda éstas a cualquier cajón de tu escritorio, que para pedazos de sus almas y la tuya, nunca bastará el espacio.
Helios Herrera, director de H. H .Consultores

Deja un comentario