Nadie decide las consecuencias

Indiscutiblemente la realidad de una persona no es otra cosa más que la suma de las consecuencias de las decisiones que ésta hizo en un pasado. No tengo que hacer demasiado esfuerzo para explicar a un grupo que en este mundo material la ley universal de causa y efecto rige los resultados en nuestra existencia en todos los ámbitos, sea físico, emocional, salud, economía, etc.

Pareciera increíble pensar que alguien realmente no entendiera esta relación entre las causas (sus acciones) y los efectos (las consecuencias de estas en su vida).

No obstante, son millones de personas las que asumen una actitud pasiva respecto al control de su vida y de las cosas que en ella suceden. Viven en una zona de confort permitiendo – casi suplicando – que otras personas decidan su vida y simplemente aceptan las consecuencias “aquí nos toco vivir”.

Mucho he escrito de este tipo de personas, los defino casi con desprecio (aunque sea más pena la que siento) como mediocres.

Permiten que “otros” sean los responsables en su vida al grado de que cuando algo sale mal, siempre tienen a algún “alguien” a quien responsabilizar, sea la sociedad, el sistema, el jefe, la suegra, el mismo Dios, siempre hay un tercero responsable de sus resultados, por lo que entiendo que siempre hubo alguien responsable de su vida.

No deseo escribir de ellos hoy.

Existe otro selecto grupo que esta consciente que teniendo control sobre sus decisiones (y acciones) puede tener cierto nivel de control sobre los resultados de su vida, pero de cuando en cuando este segmento de personas se encuentran con que los resultados que ellos preestablecieron no se parecen en nada a las decisiones que tomaron.

El joven que decide nunca tomar un trago pero cosecha que el grupo social lo rechace, el ejecutivo que trabaja como burro 20 años y no recibe más que un salario que nunca le alcanza par nada y que no es comparable al esfuerzo y talento que empeño día con día, la mujer obesa que decide nunca más comer postres que lleva 15 años sin disfrutar de uno sólo y esta igual de gorda que hace 15 años.

Frustración, todos estos patrones generan frustración, ¿Por qué no me va bien si me porto siempre bien?

Creo que hay un pequeño error de enfoque. Cuando hablamos de decidir las causas y los efectos.

La mayoría de los consultores proponemos, cuando haces tu plan de vida, que decidas y controles las causas, las acciones que generarán los efectos y esto funcionaría a la perfección si los humanos fuéramos perfectos, pero como no lo somos, debemos dejar un margen de maniobra y flexibilidad.

Que tal, que en lugar de decidir las causas, pre destinas los efectos, es decir ¿Qué es lo que específicamente quieres recibir?, ¿Qué tan malo podría ser compartir un trago con tus amigos, comer un postre de vez en vez o distraer un poco de tu tiempo para iniciar un negocio?

Las consecuencias llegan sin que las decidas…. Déjame decírtelo desde la perspectiva negativa: si un joven se embriaga y termina asesinando a un niño en un accidente automovilístico, él (el joven) NO DECIDIO LA CONSECUENCIA, dejar de beber esa noche no garantiza que estando completamente sobrio no pueda participar en un accidente automovilístico, aunque, por supuesto las posibilidades se exponencían.

De la misma manera, el joven podría ahogarse en alcohol y contratar un chofer para evitar asesinar a nadie, y si el chofer (sobrio) participará de un accidente, sería él (el chofer) quien asumiría esa consecuencia en su vida.

No estoy invitando a todos a alcoholizarse y contratar chóferes, pero si subrayo que debemos poner más atención en las consecuencias (buenas o malas) que deseamos en nuestra vida y buscar más de un camino para provocarlas.

El asunto ni se discute cuando hablamos de consecuencias positivas, siempre es lógico pensar que con el esfuerzo equis la recompensa “equis” llegará, pero si no estas obteniendo todas las recompensas que planeabas, o incluso están llegando otras que no esperabas (ni deseabas), mayor atención deberás poner en ellas, por encima incluso de las acciones que generan las causas.

¿Qué deseas que llegue a tu vida?, selecciona las consecuencias e incluye un plan de acciones que te acerquen lo más posible, dejando un breve margen de maniobra para escuchas otros paradigmas.

Piensa, reflexiona y actúa

Por Helios Herrera, consultor en desarrollo humano y productividad, conferenciante y escritor, si deseas conocer más de su material visita www.heliosherreraconsultores.com.mx o escríbele a helios@hhconsultores.com

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