Una actividad que aprendió de niña hoy es la base de un negocio exitoso

Desde hacía varios años, Yesenia López Sánchez tenía la inquietud de emprender un negocio para aumentar su ingreso familiar y ofrecer  una mejor calidad de vida a sus seres queridos, no obstante, fue hasta 2012 cuando pudo obtener el financiamiento necesario para desarrollar el arte del bordado y tejido de trajes regionales que aprendió cuando era niña.

Si bien, ya había intentado establecer su microempresa con recursos propios, la señora López, sólo podía contar con el dinero suficiente para confeccionar dos trajes al mes, volviendo a su actividad muy poco rentable.

A fin de incrementar su productividad, en 2010 fundó el grupo de artesanas de Juchitán de Zaragoza, Biaani’ Ibaah’, que le permitió trabajar con mayor rapidez, aunque no expandir su negocio, pues la falta de dinero para invertir en material continuaba estancándolo.

Recurrir a la banca comercial fue una idea que rondó la cabeza de la señora Yesenia, pero ante la cantidad de requisitos y garantías que le exigían, obtener más capital le resultaba imposible. Ello, hasta que escuchó hablar de Forjadores de Negocios, una empresa mexicana respaldada por el Programa Nacional de Financiamiento al Microempresario (Pronafim) que le ofrecía crédito a su medida.

Así, la señora López consiguió primero un Crédito Grupal de 5 mil pesos, que invirtió en la compra de materia prima para dar impulso a su negocio.

Conforme pasaron los ciclos del producto, el capital al que tenían acceso fue elevándose; hoy en día, ella y su grupo Biaani’ Ibaah’ ya están en el ciclo ocho, con un préstamo de 30 mil pesos y cuentan con un local en Juchitán, donde comercializan la mercancía y exhiben una gran variedad de prendas bordadas.

En el caso de doña Yesenia, el préstamo le ayudó a mejorar su economía familiar, tanto  que ya construyó su casa y puede dar a sus hijos de once y seis años una mejor calidad de vida.

“Ya no es tan difícil adquirir las cosas, porque gracias al negocio ha habido ganancias y hemos prosperado”, señala.

Ahora su sueño es tener más trabajo, porque de ella dependen diez personas: ocho que le costuran y dos que atienden el negocio.

Karina Hernández Barrera

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