Nuestra vida con el Internet de las cosas

Por: Sergio Morilo, Director de Servicios TOTVS Hub Norte de América Latina

Los primeros indicios de Internet datan de la década de los 60. Fue creado pensando en ser una red de comunicación sin fronteras, sin restricciones de tiempo y/o distancias. Desde entonces, viene evolucionando velozmente: simplemente, se estima que hoy tenemos más de 2,000 millones de usuarios, ya sea mediante computadoras personales, tabletas, smartphones u otros dispositivos ya comúnmente utilizados en la sociedad.

La expresión “Internet de las cosas” fue escuchada por primera vez en 1999, en una presentación realizada por Kevin Ashton. El concepto se basa en traer la conectividad a dispositivos menos tradicionales y de forma autónoma, tales como el coche, la lavadora, el horno de microondas o los zapatos. Sí, los zapatos. ¿Te imaginas usar una playera que a través de Internet cambie el color del grabado de acuerdo con tu estatus en Facebook? ¿O un juguete que tu hijo pueda usar para interactuar con otros niños por otras partes del planeta?

Cada día encontramos más dispositivos conectados a Internet. Eso, sin duda, cambia la forma en que vemos al planeta. Un ejemplo más es la utilización de este concepto en la salud: imaginemos que podemos conectar a Internet instrumentos médicos utilizados para monitoreo de funciones vitales y que esas señales son recibidas por especialistas a distancia que revisan su evolución y/o cambio… ¡cuántas vidas podríamos salvar!

Se estima que en 2020 tendremos más de 50,000 millones de dispositivos conectados a Internet; muchos de ellos conectados a través de un teléfono celular que recibe señales de un sensor o de una etiqueta RFID (Radio Frequency Identification). Pero, ¿cómo podemos utilizar todo esto en términos de negocios?

En algunos segmentos de negocio ya nota la presencia de estos conceptos. Por ejemplo, las cadenas internacionales de supermercados ya realizan pruebas interesantes con sensores que son colocados en los espacios por donde pasan los consumidores para identificar la presencia o si el consumidor está tomando algún producto en las manos y activa una publicidad especifica; en otros casos, indicando otros productos relacionados.

Tuve oportunidad de presenciar una prueba muy interesante, también en un súper: los productos comprados traían etiquetas RFID. Llegando a la caja de auto-atención (sin cajero) simplemente se despliega en la pantalla un resumen de los artículos que estaban en mi carrito para que yo la revise, deslice mi tarjeta de crédito y ¡listo!: productos comprados, pagados y listos para ser llevados a casa. A pesar de lo útil e interesante que es, aún es “futurista”, principalmente por el alto costo de las etiquetas RFID.

El parteaguas está en la forma en que las empresas van a relacionarse con sus clientes. En el futuro las personas estarán menos preocupadas por la amabilidad de las personas y más por el tiempo que pasan en la tienda, que deberá ser cada vez menor y más eficiente. La eficiencia en el futuro estará conectada, ciertamente, con la utilización de los principios del Internet de las cosas.

No dudaría en afirmar que el negocio al menudeo será el segmento de empresas que más se modernizarán usando el concepto de Internet de las cosas, principalmente relacionado con la mejora de la experiencia de comprar. El consumidor buscará cada vez mejores experiencias, más rápidas, con más información disponible al momento que está realizando la compra y menos interacción con empleados de la tienda.

Eso ya es una realidad: en una tienda Apple de Estados Unidos pude realizar la compra de un artículo a través de mi smartphone. Simple, sencillo y con toda la información que yo necesitaba en aquel momento sin hablar con un solo vendedor. Todo a través de la App de la misma tienda, instalada en el celular. Una experiencia que, sin duda, me dejó ganas de seguir comprando.

Otra área sumamente apta es la de operaciones de logísticas mediante el uso de las etiquetas RFID y la disponibilidad de la información en la red. Ya estamos acostumbrados a meternos a la página del courier para verificar el estatus de nuestro paquete. ¿Qué hay detrás? Los paquetes reciben que dichas etiquetas ya traen la información necesaria para almacenamiento dentro de bodegas mientras no es momento de realizar la entrega, inventarios, generación correcta de la ruta de entrega, rastreo dentro del camión que realizará la entrega… Y aún está por crecer.

Veremos surgir también la publicidad inteligente: la forma de anunciar productos y servicios ya no será la misma. Cada vez más nuevos medios estarán disponibles, nuevos dispositivos conectados tendrán espacios disponibles para publicidad. La forma de llegar al consumidor será totalmente distinta. También es un punto para estar muy atento y revisando el mercado, ya que anunciar de forma incorrecta puede representar estar fuera del nuevo mundo conectado.

Los cambios son reales, ya están a nuestra puerta. En cualquier momento estaremos viviendo con más y más aparatos conectados, recibiendo y enviando información a través de su conexión a Internet directa o a través de un celular. Quizás tardemos algunos años para llegar a una tienda, ser identificados biométricamente por una cámara, ir por los productos que deseamos comprar y tener el pago realizado de forma automática a través de un perfil con los datos de nuestra tarjeta de crédito almacenados en la red e identificados en el momento que entramos a la tienda. Se ve futurista pero hoy ya es totalmente posible.

Fuentes:
RFIDjournal.com
http://www.internet-of-things.eu

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