Empresaria: ¿debes tenerlo todo?

Claro, sería ideal tener siempre tiempo para atender el negocio, el hogar, tener una vida de pareja envidiable y ver a las amigas para charlar. ¿Y no sería mejor priorizar y darle más importancia a lo que te hace más fuerte en lugar de pasar la vida haciendo malabares con el tiempo y los recursos? Esa es la premisa del libro “La mujer que lo tiene todo” de Marcus Buckingham.

Aunque no es un texto nuevo, las ideas que el autor plantea son interesantes. Con base en una investigación extensa que realizó con mujeres exitosas y profundamente agotadas o frustradas, Buckingham llegó a la conclusión de que las mujeres no priorizamos, sino que pretendemos tener tiempo, dinero y fuerzas para atender todos los roles en nuestra vida, lo que no necesariamente nos hace felices.

A partir de esta conclusión, el autor reta a las lectoras a encontrar sus fortalezas. Y por ello no se refiere a esas tareas que siempre has desempeñado muy bien y que el resto del mundo e aplaude, sino las que te hacen sentir  completa, plena, importante: las que te llevan a la cama con una sonrisa enorme en el rostro.

Además, plantea que debido a su rol como consultor, ha encontrado que hay ocho roles principales donde los seres humanos mejor se desempeñan, y propone realizar un test para encontrar esas fortalezas. Tal vez lo que las lectoras encuentren no necesariamente corresponda con su carrera o su negocio; o tal vez sí, a pesar de lo que el mundo opina.

En este punto, el autor hace un segundo reto: identifica tus fortalezas, busca un trabajo o negocio que te lleve a ellas y toma las decisiones necesarias para alcanzarlo, pues sólo siendo realmente fuerte podrás desempeñar los roles que has asumido a lo largo de la vida. Interesante, ¿no?

Por último, el autor hace una declaración que puede parecer aventurada: no es cierto que las mujeres son por naturaleza “multifuncionales”. Ningún ser humano lo es. Y lo único que nosotras hacemos al asumirnos como tal, es dividir nuestra atención en tantas tareas y decisiones, que al final podemos no estar satisfechas con ninguna.

La plenitud, según el autor, se basa en vivir intensamente los pequeños momentos y detalles que te hacen sentir muy fuerte, y en llenar tu día de esos momentos. Y ese principio aplica lo mismo para hombres que para mujeres, en el negocio, con la familia e incluso con nosotros mismos.

Itzel Castellanos

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