Internet de las Cosas y la responsabilidad social empresarial

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Cuando pensamos en Internet de las Cosas (IdC) es fácil imaginarnos objetos cotidianos en nuestras casas, empresas o hasta en nuestras ciudades, conectados a la red mundial, que a través de censores sean capaces de captar datos para después almacenarlos, procesarlos y transmitirlos.  

El INAI deberá estar más atento que nunca para garantizar que se respete el derecho de las personas en materia de autodeterminación informática, ya que se avecina un futuro interconectado en el que no solo las personas, sino también y en mayor medida los objetos estarán generando información

Por ejemplo, podemos visualizar calzado deportivo que realice estadísticas de la distancia y velocidad recorrida, un refrigerador que al vaciarse haga directamente el pedido a la tienda, alarmas que se controlen desde un teléfono inteligente, semáforos en las calles que se regulen según el tráfico, etc. Resulta menos sencillo pensar en un cepillo de dientes que al detectar una posible caries envíe los datos a nuestro dentista, un inodoro que analice nuestra orina, o alcantarillas en las calles que envíen datos de su capacidad. 

 En este mismo sentido, en las islas Feroe han colocado cámaras a las ovejas para crear un mapa del archipiélago; a falta de Google Street View los isleños crearon el Sheep View 360. Así también, los pacientes podrían ingerir dispositivos de internet para ayudar a los médicos a diagnosticar y determinar las causas de ciertas enfermedades (como sugiere el experto en tecnologías emergentes Dave Evans). El límite de IdC es literalmente nuestra imaginación. 

A pesar de que la intención primordial de IdC es lograr la eficiencia de procesos y mejorar la calidad de vida de las personas, existen también amenazas reales. Ahmed Banafa profesor de la universidad estatal de San José California engloba los peligros de IdC en tres categorías: seguridad, protección y privacidad. Con tantos dispositivos que se prevén estarán conectados, preocupa a gran medida, los posibles ataques a casas, vehículos, medio ambiente, suministro de agua, electricidad, transporte público, industrias, etc. Si nos concentramos en la exposición de datos personales que emitirán muchos objetos de nuestra vida diaria, serán muy valiosos y podrían atraer a lo ilícito, cuando menos para fines mercadológicos.

Está comprobado que un monitor de bebe puede ser fácilmente pirateado o una simple cafetera puede enviar información que permitiría conocer la contraseña de la red WiFi que usamos. La amenaza de que intrusos tengan acceso a nuestros hábitos de consumo, horarios, actividades y hasta enfermedades, puede poner en riesgo nuestra privacidad, nuestro patrimonio o hasta nuestra integridad física. Pensemos qué pasaría si por ejemplo una compañía de seguros pudiera acopiar nuestros datos confidenciales (médicos, de consumo, de actividades) para así calcular el costo de nuestra póliza. 

La privacidad, entendida como la no intromisión de terceros a la intimidad de una persona en espacio o información, es un derecho fundamental del ser humano. Con lo anterior podemos preguntarnos ¿qué responsabilidad tienen las empresas que gestionan IdC con la información de la sociedad?, ¿de dónde obtienen la información y a quiénes se la facilitan?, ¿qué tan protegidos están guardados nuestros datos? Más allá de la legalidad, las empresas tienen una responsabilidad con las personas. Todos los involucrados como fabricantes de objetos, proveedores de internet, desarrolladores de software, entre otros, deberán unir esfuerzos para proteger a los usuarios, a través de acciones como el cifrado de datos, una mayor autentificación de los usuarios, codificación resistente y una interfaz de programación de aplicaciones estandarizada y probada, pero sobre todo siendo conscientes de la importancia e integrando la seguridad de datos de terceros en su modelo de negocio. 

El Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales en nuestro país, deberá estar más atento que nunca para garantizar que se respete el derecho de las personas en materia de autodeterminación informática, ya que se avecina un futuro interconectado en el que no solo las personas (y los seres vivos), sino también y en mayor medida los objetos estarán generando información.

 

 Mtra. Ma. Luisa Ruiz Calleja

Académica de la Facultad de Responsabilidad Social de la Universidad Anáhuac México.

 

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