Desempleo y baja competitividad si no hay innovación educativa en México

Dentro del proceso de transformación que experimenta la educación mexicana, el término innovación educativa ha cobrado mayor importancia debido a la urgencia de generar una transformación pedagógica que cubra las exigencias del cambiante panorama laboral; de no generarse este cambio, se pondría en riesgo la competitividad y podría aumentar el desempleo.

Paulo Santiago, director de la División de Política e Implementación de la Dirección para la Educación y Competencias de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), indicó en el Congreso Internacional de Innovación Educativa, celebrado el diciembre pasado, que “hay limitaciones en México para desarrollar los objetivos de aprendizaje y uno es claramente la capacidad de los docentes. Hay desafíos muy importantes en México en ese aspecto, en los sistemas de formación del docente, su capacidad para adaptarse a los cambios y responder exactamente al currículum que el gobierno quiere implementar”.

Por su parte, Rodrigo Assael, director general de la consultora en metodologías educativas Pinion Education, desde una perspectiva pedagógica “es necesario que generemos una transformación con la que lograremos dotar a los estudiantes de hoy de las habilidades que requerirán para ser competitivos en el futuro laboral, sean capaces de resolver problemas que aún no existen y pasen de ser sólo consumidores de tecnología a ser creadores de ésta”.

Assael explicó que, según las teorías pedagógicas, existen cuatro tipos de innovaciones educativas que deben ser tomados en cuenta con urgencia por las instituciones educativas:

Disruptiva: la que tiene el potencial de impactar a todo el contexto educativo y significa un cambio drástico en la evolución lineal de un método, técnica o proceso de enseñanza-aprendizaje. Altera y modifica de forma permanente la manera en la que se relacionan los actores del contexto, los medios y el entorno mismo.

Revolucionaria: aplica un nuevo paradigma y se revela como un cambio fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje, así como una transformación significativa de las prácticas existentes. Su aportación a dicho proceso no tiene contexto previo en el sector educativo.

Incremental: ésta logra un cambio con base en los componentes de una estructura ya existente, es decir, dentro de una arquitectura o diseño educativo ya establecido; refinando y mejorando un elemento, metodología, estrategia o proceso.

De mejora continua: se conoce así a los cambios que afectan parcialmente alguno de los elementos de innovación educativa, sin alterar de forma relevante su proceso. Por ejemplo, una mayor eficiencia de operación, entrega o procedimiento.

La Ley General de Educación, publicada en septiembre de 2019, señala, además de sus nuevos lineamientos de construcción y mejoramiento de infraestructura educativa, que el monto anual que el Estado deberá destinar a la educación pública no podrá ser menor al 8% del Producto Interno Bruto (PIB), del cual, se debe destinar 1% del PIB al desarrollo tecnológico y la innovación en las instituciones públicas.

En México, va en aumento el número de escuelas que se atreven a modificar el modelo pedagógico de enseñanza tradicional, con la finalidad de impulsar experiencias educativas innovadoras en algunas de estas áreas, de acuerdo a cifras de Pinion Education.

El estudio “La Educación Superior en México: Resultados y Relevancia para el Mercado

Laboral”, publicado en enero de 2019 por la OCDE, recomienda ofrecer acceso a todos los docentes de México a cursos de capacitación profesional, incluido el uso de enfoques innovadores centrados en el estudiante.

Si no fomentamos esa transformación, señaló Rodrigo Assael, “tendremos dificultades para cubrir las plazas laborales clave en el futuro, preocupantes cifras de desempleo y posiblemente crisis económicas, pues el tipo de trabajo que antes hacíamos los humanos, hoy ya lo hacen las máquinas”.

Sin embargo, el experto adelantó que los recientes cambios en materia de educación traerán una “mayor agilidad y operatividad a las políticas públicas, para que ubiquen a la innovación educativa como un factor estratégico y de impulso sistemático a las experiencias innovadoras en maestros y estudiantes”.

Redacción

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