LA RECONSTRUCCIÓN SOCIAL: UNA TAREA URGENTE

Algo ha pasado con el mundo. Lo sabemos y lo planteamos en las redes sociales, en las conversaciones con los más próximos. Somos copartícipes de una nueva época para la humanidad. Si bien la revolución tecnológica y las disfunciones del sistema imperante nos lo habían advertido, tuvo que aparecer en nuestro camino un virus para abrir, de manera acelerada y violenta, este nuevo capítulo para el ser humano.

No obstante el escepticismo, la soberbia y la falta interés estuvieron presentes en una buena parte de la sociedad, también los días de aislamiento, nos hicieron pensar en algo fundamental: la salud propia y del otro, al cual a veces no conocemos. Esto, desde luego, es parte de reconocernos interconectados, profundamente implicados en las acciones de todo el planeta. El sector empresarial ha vivido la dinámica comercial codependiente desde que el comercio comenzó a rebasar las fronteras y la normatividad internacional regulara las condiciones de transporte y las dimensiones de los tornillos usados para la maquila de autopartes en distintos continentes, entre otros aspectos.

En esta idea de ver al mundo implicado, no todos habían tomado en cuenta que las condiciones para competir no eran las óptimas para todos. Unos tendrían más recursos y los pequeños y medianos empresarios, se tendrían que sumar a este flujo en la mediada de sus posibilidades.

Hoy, un nuevo momento nos implica a recuperar el valor creativo y comunitario, la pronta respuesta, pero con un mirar hacia el futuro de la humanidad en su conjunto. Las pequeñas y medianas industrias están siendo afectadas por este espectro que nos ha obligado a cambiar nuestras formas de trabajo, que ha roto con las planeaciones estratégicas y que nos ha llevado, en muchos casos, a comenzar de cero.

 Esta ductilidad, esta capacidad de reinvención, implica volcar todos nuestros capitales hacia una forma distinta de hacer las cosas. El dinero, escaso y devaluado, tiene que invertirse de manera más puntual. Los bienes materiales deben canalizarse para su factibilidad operativa en condiciones para las cuales no se fabricaron. La identidad y misión son pieza clave para la reconstrucción y la cohesión interna. Pero, lo más importante, la dignidad de la persona humana resulta el baluarte fundamental de nuestras acciones. Es, al final de cuentas, la política del cuidado de sí y estar comprometido con el otro lo que tiene prevalecer.

Las empresas, independientemente de su tamaño, son fundamentales para reconstrucción social. Reconocer los retos a los que se enfrentan, requiere entender a las mismas como un agente clave para el funcionamiento total de la sociedad.

La responsabilidad social nos especifica tres ejes que habría que entender y poner en práctica en pro de la sostenibilidad: el social, el económico y el ambiental. Habría que subrayar que el elemento articulador es el ser humano, como ente corresponsable con su entorno. Para esta reconstrucción social, las utopías se vuelven indispensables; el soñar y comprometerse con este cambio de época, sin dudas, llevará tiempo y múltiples frustraciones y renuncias.

Habría que buscar ese nuevo discurso social, esa nueva forma de actuar en comunidad, ese paradigma que hoy se requiere. Habría que llegar a nuevos acuerdos, encontrar esos procesos identitarios y procurar que no nos quedemos estancados en la búsqueda incesante del triunfalismo económico.

Porque si es así, esta etapa que en que los actos simples, como el lavado de las manos y volvernos a mirar a la hora de la comida familiar, se habrán perdido en su significación. Esta urgencia de reconstrucción social, para salir de los innegables problemas que se han acrecentado, tiene como alianza lo aprendido en estos tiempos en los que la esperanza y el futuro nos requieren creativos, honestos y solidarios.

Dr. José Antonio Forzán Gómez

Académico de la Facultad de Responsabilidad Social, Universidad Anáhuac México

jaforzan@anahuac.mx

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