Mayor libertad económica reduce la violencia de género

En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, se llevó a cabo el panel virtual “Autonomía económica para eliminar la violencia contra las mujeres” moderado por Natalia Ferriz, fundadora y CEO de Lead It, abordó la relación de la autonomía económica y el empoderamiento femenino, las principales barreras que enfrentan las mujeres para emprender, así como el emprendimiento de mujeres de grupos indígenas, entre otros temas

Los participantes fueron Clip, el agregador de pagos en México; Oxfam México, organización de la Sociedad Civil que combate la desigualdad; y Colectiva Chiwik, una cooperativa de mujeres que elaboran textiles artesanales.

Carolina Maldonado, coordinadora del proyecto de Economías Inclusivas en Puebla, de Oxfam México y Emilia Flores, fundadora y coordinadora de vínculo comunitario e impacto social de Colectiva Chiwik, dieron inicio a la conferencia dialogando sobre las diferentes formas en que las mujeres y niñas son expuestas día a día. A pesar de que el machismo sigue jugando un rol principal en los factores que la detonan, también existen componentes en la estructura de violencia que no reconocen lugar geográfico, sector económico o edad para llevarla a cabo.

En ese sentido, la autonomía económica de las mujeres es clave para su empoderamiento. No obstante, en pleno 2020, aún existen grandes brechas entre géneros con respecto a la situación laboral de las mujeres: el fenómeno del techo de cristal, la desventaja salarial, los emprendimientos liderados por mujeres y el número de puestos directivos ocupados por ellas son algunos ejemplos.

Por lo anterior, es importante desarrollar programas que ayuden a potencializar el talento de las mujeres, en cualquier industria, lo que ayudará a disminuir esta brecha. En ese sentido, Carolina Maldonado señaló: “Desde el proyecto de Economías Inclusivas de Oxfam México, buscamos apoyar a emprendimientos, en su mayoría liderados por mujeres indígenas, para tener impacto positivo en temas de acceso, expansión a nuevos mercados e inclusión financiera. Asimismo, buscamos orientarlos en factores más estructurales, como el acceso a políticas públicas, programas gubernamentales y capacitaciones”.

El número de emprendimientos liderados por mujeres aún sigue siendo menor comparado al de los hombres, pues las barreras que impiden que se realicen, van entorno a los pensamientos de culpabilidad y de inseguridad que inundan a las mujeres, comentó al respecto Natalia Ferriz. “El poder viene desde adentro y debemos creérnosla. Debemos sumar a más mujeres, tener mucho más sororidad, comprensión y empatía de mujeres hacia mujeres, porque desde ahí viene el cambio”, puntualizó.

Esta situación se vuelve más crítica para mujeres que pertenecen a grupos vulnerables como es el caso de las poblaciones indígenas. Aquí el emprendimiento y la autonomía económica representan un reto diferente, pues con base en la experiencia de Emilia Flores, “Emprender no es nada fácil. Es una lucha constante, en todo momento. Primero nos encausamos y nos mantenemos en la línea de construirnos; luego, de reconocernos en esencia como mujeres indígenas y sobre todo sabias para valorarnos y saber de nuestros derechos hasta llegar al punto de gritar consignas de sobrevivencia.

Constantemente luchamos con estructuras de opresión porque sigue siendo un reto. No buscamos enfrentamientos sin fundamento, más bien exponemos nuestras realidades y consensuamos alternativas para aterrizarlas en nuestra colectiva. Todo el tiempo luchamos en construir un camino horizontal sabiendo que nos toca vivir entre lo claro y lo oscuro”.

Para concluir el evento, Miriam Dávila, directora asociada de People Management de Clip, agregó: “Nuestro compromiso es ayudar a que todas las mujeres puedan aprender y crecer sin importar el área al que se dediquen, tanto internamente, incrementando las posibilidades de crecimiento de todo nuestro talento, hasta externamente, con las emprendedoras, a través de cursos y herramientas que las ayuden a crecer sus negocios”.

Hay que recalcar que la participación de las mujeres en la economía y el cierre de las brechas de género son clave para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la ONU y se debe impulsar su participación en todas las áreas de desarrollo. Es comprobable que existe una correlación positiva entre la actividad empresarial femenina y el crecimiento del PIB, pues según estudios de la organización mundial, se ha estimado que la productividad en América Latina y el Caribe podría aumentar un 25% si se desbloquearan los obstáculos que impiden el potencial femenino al servicio del emprendimiento. Asimismo, un estudio elaborado por Catalyst en 2017 observó que las empresas con más mujeres en la junta de dirección eran 16% más rentables que las demás. En ese sentido, es fundamental que cada una de nosotras y nosotros podamos hacer un cambio desde nuestra trinchera para ayudar que el empoderamiento de la mujer sea una realidad, sin importar el sector al que decidan dedicarse.

Redacción

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