¿Podrían robar mi dinero del banco si extraen mis datos de Telefonía Móvil?

Con la reciente aprobación de la reforma a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión que promueve la creación del Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil, una de las mayores inquietudes que han surgido entre la población es la posibilidad de que esta base de datos, la cual contendría los datos biográficos y biométricos del usuario, sea sustraída y que la información pueda ser utilizada para acceder a cuentas bancarias de los ciudadanos a través de la suplantación de identidad.

Pero ¿esto es posible?

Para Adolfo Loera, presidente del Consejo de Administración de Biometría Aplicada, la posibilidad de que un criminal pueda robar una base de datos protegida con biométricos; la descifre para extraer la información; logre reproducir el biométrico en un dispositivo y que éste sea lo suficientemente bueno como para engañar a un lector, es prácticamente nula.

“Incluir datos biométricos en una base de datos tiene dos funciones: por un lado, se integra esta información a los datos biográficos de la persona -nombre, fecha de nacimiento, dirección, teléfono, Clave Única de Registro de Población (CURP), Registro Federal de Contribuyentes (RFC), número de la credencial del Instituto Nacional Electoral (INE)- para que sólo el usuario, al presentar sus biometrías, pueda hacer uso de esta información, pero a la vez son un candado, ya que sin una biometría registrada y autenticada no se podría tener acceso a la base de datos para empezar”, detalló Loera.

“Es importante destacar que los lectores actuales no funcionan a través de imágenes, es decir, no toman una fotografía de la huella, el rostro u otra biometría para compararla posteriormente con otra fotografía, así es que no es tan fácil reproducir un biométrico. Lo que hace la tecnología actual es medir los espacios entre los puntos característicos de cada biometría (una huella, por ejemplo, tiene hasta 40 puntos característicos y el iris, hasta 240) y crea un patrón digital conocido como template, que está compuesto básicamente por un código cifrado. Cuando esta información viaja a través de la red, lo hace de manera cifrada y desagregada, es decir, como un rompecabezas”, agregó.

Es por ello, continuó el experto, que en el caso poco probable de que la base lograra ser sustraída, el criminal se encontraría con que los datos biométricos están resguardados de manera cifrada y están desvinculados de los datos biográficos, por lo que el delincuente requería de una seria de complejos algoritmos para lograr descifrar el código y para poder ligarlos a los datos biométricos, lo cual, con la tecnología actual, le llevaría cerca de 50 años, es decir, aunque el delincuente tenga en su posesión esta información, no podría reproducirla ni utilizarla.

Pero aún en un escenario catastrófico, donde lograran robar la base, violar todos los candados mencionados y la biometría pudiera ser reproducida, los delincuentes se enfrentarían todavía a otro reto: los lectores biométricos actuales están diseñados para identificar cuando se trata de una biometría viva, es decir, que proviene de una huella, el iris o el rostro de una persona (a través de la temperatura del cuerpo, la electricidad, el brillo de la piel, la gesticulación, entre otros elementos), o de un silicón o dispositivo que busca emular a la biometría, por lo que en caso de encontrarse con una huella de plástico, una máscara o una fotografía del rostro o de una huella, el lector simplemente rechazaría el acceso.

Transformación digital de la banca

Loera indicó que el problema actual es que siguen existiendo muchas interacciones en la red que no están reguladas y que no cuentan con el respaldo de la seguridad biométrica, lo cual, aunado al incremento en el uso de plataformas y dispositivos digitales por la pandemia de covid-19, han coadyuvado a que el robo de identidad en el país vaya en aumento.

Nuestro país ocupa el octavo lugar en el mundo y el segundo en América Latina en el incremento de este delito. Los últimos datos de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) revelan que en el periodo enero-abril de 2021 se han iniciado 802 procesos a través del protocolo por Posible Robo de Identidad (PORI); mientras que el año pasado se registraron un total de 2,383.

Dicho protocolo se reactivó en 2019, con el objetivo de dar un seguimiento específico a este tipo de casos, implementando medidas que protegen a los usuarios, y para que no fueran tratados como una reclamación tradicional, de acuerdo con información del Banco de México (Banxico).

Según el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), la mayoría de las veces la suplantación de identidad se concreta por la pérdida de documentos, en el 67% de los casos; por el robo de una cartera o portafolios, en el 63% y por la información que toman de una tarjeta bancaria, en el 53% de los casos.

Además, 9 de cada 10 personas llevan información suficiente en su cartera para ser víctima de robo de identidad: el 86% lleva en su cartera la credencial para votar, el 49% la tarjeta de débito, el 30% la licencia de conducir, 27% tarjetas departamentales y 17% tarjetas de crédito.

“Si tomamos como ejemplo la utilización de biométricos en el sistema financiero mexicano, particularmente en la banca y en las administradoras de ahorro para el retiro (afores), podemos ver que en el primer caso se ha logrado reducir el nivel de fraude en el otorgamiento de crédito, mientras que en el segundo han combatido con éxito los traspasos no reconocidos de una afore a otra, así como los retiros por desempleo que no venían del titular de la cuenta”, explicó Loeza.

“Entonces, las vulnerabilidades actuales en el sistema financiero están en aquellas operaciones que no están protegidas por biométricos y dependen aún de elementos físicos como el plástico (tarjetas de crédito y débito) y de contraseñas numéricas como el NIP (número de identificación personal), el CVV (código valor de verificación) y el mismo número de tarjeta. Por eso es importante que la utilización de biométricos se extienda a todas las operaciones de la banca, no sólo para garantizar la seguridad en todas las interacciones digitales, sino que además se dé un servicio personalizado, que englobe ahorros en costos de operación y una mayor satisfacción y fidelidad por parte del cliente”, destacó el experto.

Con soluciones biométricas como EMI Plus, de Biometría Aplicada, se puede promover la digitalización de contrataciones de servicios aportando trazabilidad durante los procesos, optimizando tiempos de apertura de cuentas y contrataciones de servicios, procesos que normalmente llevaban horas o incluso días y que podrían concretarse en tan sólo minutos.

También, da seguridad y confiabilidad en la validación de identidades de clientes, colaboradores y ciudadanos; se logra una disminución de tiempo y fricciones para los usuarios mediante la automatización del onboarding, y se previenen fraudes minimizando los riesgos asociados con suplantaciones de identidad.

Asimismo, las instituciones generan ahorros en gastos asociados con el personal de atención al público en esquemas tradicionales de contrataciones y la solución es de fácil integración, lo que reduce gastos en desarrollo, producción e infraestructura, además de cumplir con la normatividad nacional e internacional.

“Hoy en día, los usuarios tienen un nivel de aceptación amplio a los biométricos, pero es una realidad que esto está directamente relacionado con la institución que avale el resguardo de la información. En el caso de los bancos tenemos que el 52% de los consumidores aceptarían usar una aplicación bancaria si se refuerza la seguridad en su operación y el 78% estaría dispuesto a proporcionar sus biométricos si les garantizan que estarán más protegidos. Además, el usuario agradece que con la tecnología biométrica ya no tendrá que preocuparse si olvida sus contraseñas y reconoce que existan aplicaciones en donde pueden concretar de forma ágil y sencilla trámites y firmar contratos. Hoy en día, el cliente busca certeza y la tecnología puede ofrecérsela”, concluyó Loera.

Redacción

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