Por: José Trejo, CEO de Pagaqui
México está entrando en una nueva etapa de su transformación digital. La iniciativa de Ley de Economía Digital para Pagos Digitales y Electrónicos plantea aprovechar la infraestructura que ya existe —SPEI, CoDi, códigos QR, tarjetas y otras tecnologías— para llevar los pagos digitales a más personas y negocios. Pero el verdadero desafío no está únicamente en desarrollar tecnología: está en lograr que ésta sea útil, accesible y confiable para quienes sostienen buena parte de la economía cotidiana: los micronegocios.
En los últimos días, el debate ha adquirido una dimensión muy concreta. El programa “Crece tu MIPYME con pagos digitales”, impulsado por la Secretaría de Economía y Visa, alcanzó un millón de MIPYMES habilitadas para aceptar pagos digitales. Los comercios participantes registran, en promedio, 14,500 pesos mensuales en pagos con tarjeta y más de 30 transacciones al mes.
Es un avance relevante, pero también una señal de que todavía existe una enorme oportunidad.
El estudio “Pagos Digitales en Negocios Familiares” realizado por FINABIEN y CONCANACO-SERVYTUR, muestra que 74.8 % de MiPyMEs ya acepta transferencias electrónicas, pero solo 47.6 % recibe pagos con tarjeta. Además, 29 % de los establecimientos consultados afirmó haber perdido al menos una venta por no contar con el medio de pago solicitado por el cliente.
El dato que más debería llamar nuestra atención es otro: 35 % identifica las comisiones como la principal barrera para aceptar pagos digitales. Le siguen la falta de conectividad, la preferencia de los clientes por el efectivo y el desconocimiento de las tecnologías.
Esto cambia la conversación, ya que el reto no es convencer al micronegocio de que la tecnología existe. Es hacer que adoptarla tenga sentido económico para él.
Para una tienda de abarrotes, una papelería, una estética, un puesto de comida o un pequeño comercio, cobrar digitalmente debe ser tan sencillo como recibir efectivo. No debería requerir procesos complejos, inversiones difíciles de recuperar o conocimientos especializados.
Y hay una oportunidad adicional: cada pago digital puede convertirse en información útil para el propio negocio. Las transacciones permiten construir un historial que, bajo las condiciones adecuadas, puede facilitar el acceso futuro a servicios financieros, crédito y nuevas herramientas para administrar el negocio. La propia iniciativa plantea entre sus objetivos cerrar la brecha entre la infraestructura disponible y su uso efectivo, así como favorecer la inclusión financiera y la formalización.
Pero digitalizar también implica construir confianza. En los últimos días, parte de la conversación pública se ha concentrado en la trazabilidad de las operaciones y su relación con el cumplimiento fiscal. Es importante distinguir: la iniciativa no plantea un impuesto nuevo por pagar o cobrar digitalmente, aunque las operaciones realizadas dentro del sistema financiero sí generan registros que pueden ser utilizados para efectos de fiscalización conforme al marco vigente.
Para el pequeño comerciante, esta diferencia es fundamental. La digitalización debe percibirse como una puerta de entrada a mayores oportunidades, no como una nueva capa de complejidad.
También será indispensable atender el costo. Si queremos que un micronegocio migre del efectivo a los medios digitales, las soluciones deben considerar comisiones competitivas, disponibilidad rápida de los recursos, facilidad de uso, seguridad, conectividad y, sobre todo, acompañamiento.
La meta, por tanto, no debería medirse únicamente en cuántos dispositivos, cuentas o terminales se habilitan. El indicador verdaderamente relevante será cuántos pequeños negocios incorporan los pagos digitales a su operación cotidiana y cuánto valor generan a partir de ellos.
México ya tiene infraestructura. También tiene millones de comercios con un teléfono inteligente y una necesidad concreta de vender más, cobrar mejor y administrar sus recursos.
Ahora toca cerrar la brecha entre tener tecnología y utilizarla.
Porque detrás de cada pago digital no hay solamente una transacción. Hay información, confianza, una posible venta que no se pierde, un historial que comienza a construirse y, potencialmente, nuevas posibilidades para que un pequeño negocio crezca.
Digitalizar los pagos no significa solamente digitalizar el dinero. Significa digitalizar oportunidades.
El éxito de la Ley de Economía Digital estará, finalmente, en algo muy sencillo de entender: que el micronegocio mexicano pueda cobrar digitalmente de manera fácil, accesible, segura y rentable.