La economía crece, pero no igual para todos. La expresión “economía en K” se ha convertido en una de las más repetidas en análisis financieros globales: mientras un grupo de hogares y empresas despega, otro desciende. La recuperación y el crecimiento no son homogéneos; son asimétricos y profundizan brechas existentes.
En Estados Unidos, el debate se encendió tras reportes que muestran que el 1% más rico concentra casi 32% de la riqueza nacional —el nivel más alto desde que la Reserva Federal comenzó a medirlo en 1989—. Además, datos del Bank of America Institute señalan que los hogares con ingresos superiores a 150 mil dólares anuales aumentaron su gasto, mientras que los que ganan menos de 75 mil redujeron consumo en viajes y experiencias respecto a 2019.
Las marcas reaccionan. Delta Air Lines apuesta al segmento premium confiando en que el consumidor de alto ingreso seguirá pagando más por experiencias exclusivas. Chipotle identificó que 60% de sus clientes gana más de 100 mil dólares al año y reforzó su posicionamiento hacia ese perfil. En el otro extremo, McDonald’s revivió combos económicos ante la pérdida de clientes de menores ingresos, mientras Clorox impulsa presentaciones más pequeñas para tiendas de descuento.
Cada empresa está eligiendo su lado de la “K”.
¿Y en México? Una desigualdad estructural
El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos. En México, la desigualdad es histórica y estructural. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 10% más rico del país concentra alrededor del 59% del ingreso total, mientras que el 50% más pobre apenas accede al 8%. Más aún, estimaciones patrimoniales indican que el 1% más rico posee cerca del 38% de la riqueza total nacional.
La desigualdad también tiene geografía. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), el ingreso corriente trimestral promedio por hogar en estados como Nuevo León ronda los 117 mil pesos, mientras que en Chiapas apenas supera los 41 mil pesos. Son brechas que no solo separan regiones, sino modelos de consumo completamente distintos.
Esto no es solo inflación. Es segmentación estructural.
El mercado medio se achica
Durante décadas, muchas pymes construyeron su modelo de negocio sobre la clase media urbana: consumidores con poder adquisitivo suficiente para pagar un poco más por calidad, pero sensibles a precios. Hoy, ese segmento enfrenta presiones por endeudamiento, encarecimiento de servicios, educación, vivienda y alimentos.
En paralelo, los extremos crecen: por un lado, consumidores de alto ingreso con mayor disposición a pagar por valor agregado, experiencias y diferenciación; por otro, hogares que priorizan precio, promociones y presentaciones económicas.
Para las pymes, el dilema es estratégico: ¿a qué lado de la K dirigir sus recursos?

Estrategias empresariales en una economía polarizada
1. Premiumización inteligente
Si tu mercado objetivo se ubica en el segmento de alto ingreso, la clave no es solo subir precios, sino justificar valor. Esto implica:
- Experiencia diferenciada.
- Personalización.
- Calidad superior comprobable.
- Storytelling de marca.
- Canales exclusivos o membresías.
En México, sectores como turismo boutique, gastronomía de autor, wellness, educación privada especializada y servicios financieros personalizados han encontrado oportunidades en consumidores que buscan diferenciación más que ahorro.
Pero cuidado: el segmento premium es exigente y competitivo. No basta con “parecer” caro; hay que ser percibido como valioso.
2. Estrategia de volumen y eficiencia
En el otro extremo, las empresas que atienden a ingresos bajos o clase media presionada deben apostar por:
- Optimización de costos.
- Presentaciones más pequeñas.
- Combos o paquetes de valor.
- Alianzas con tiendas de descuento.
- Financiamiento accesible.
El consumidor en esta rama de la K no desaparece; simplemente prioriza precio. En México, el crecimiento de formatos de hard discount y marcas propias en supermercados refleja esta dinámica.
3. Modelo híbrido: doble estrategia
Algunas empresas optan por dividir su oferta: una línea premium y otra económica. Sin embargo, esto requiere claridad en arquitectura de marca para evitar canibalización o confusión.
Ejemplos globales muestran que segmentar no significa perder identidad, sino entender que el mercado ya no es homogéneo.
Implicaciones para las pymes mexicanas
Para las pequeñas y medianas empresas, la economía en K implica cinco ajustes estratégicos clave:
1. Revisión profunda de segmentación
No basta con definir “hombres y mujeres de 25 a 45 años”. Es imprescindible cruzar variables de ingreso, ubicación, hábitos de consumo y comportamiento digital.
En estados con mayor ingreso promedio, como Nuevo León o Ciudad de México, pueden convivir microsegmentos premium y populares en la misma colonia.
2. Análisis de elasticidad de precio
¿Cuánto puede subir tu precio antes de perder clientes? ¿Qué tan sensible es tu mercado? Las respuestas ya no pueden basarse en intuición, sino en datos.
La economía en K obliga a medir con precisión.
3. Comunicación diferenciada
El mensaje para un cliente de alto ingreso no es el mismo que para uno que prioriza ahorro. En el primer caso, se comunica exclusividad; en el segundo, eficiencia y conveniencia.
SEM y publicidad digital permiten microsegmentación geográfica y socioeconómica que antes era impensable para pymes.
4. Diversificación geográfica
Si tu mercado local está en la rama descendente de la K, quizá la oportunidad esté en vender a otra región. El comercio electrónico reduce barreras territoriales.
5. Gestión de riesgo
La polarización implica mayor volatilidad. Una pyme excesivamente concentrada en clase media puede sufrir si este segmento continúa debilitándose.

¿Es solo desigualdad o cambio estructural?
El concepto de economía en K va más allá de una coyuntura inflacionaria. Refleja transformaciones en:
- Distribución de riqueza.
- Digitalización.
- Acceso a educación.
- Productividad regional.
- Mercado laboral formal e informal.
En México, donde más del 55% de la población ocupada trabaja en la informalidad, según datos oficiales, la capacidad de recuperación no es uniforme. Esto impacta directamente en patrones de consumo.
Para el empresario pyme, entender esta dinámica no es opcional; es supervivencia.
Casos prácticos para reflexionar
- Si vendes servicios turísticos, ¿estás apuntando a viajeros premium que buscan experiencias personalizadas o a clientes que comparan cada peso?
- Si produces alimentos o snacks, ¿tienes presentaciones económicas para tiendas de descuento?
- Si ofreces servicios profesionales, ¿has considerado paquetes escalonados según nivel de ingreso empresarial de tus clientes?
La decisión estratégica no es moral; es de mercado.
El consumidor decidirá… pero tú eliges estrategia
La economía en K significa que tu sueldo —o el de tus clientes— determinará desde cuánto costará el próximo vuelo hasta si cierto producto seguirá en anaquel premium o migrará a tiendas de descuento.
Para las empresas, implica aceptar que el mercado medio se contrae mientras los extremos se fortalecen.
Antes solo nos preocupábamos por la inflación. Hoy debemos preguntarnos: ¿en qué rama de la K está mi cliente?
Y más importante aún: ¿en qué rama está mi empresa?
Conclusión: de la reacción a la anticipación
Las pymes que sobrevivan y crezcan en este entorno no serán necesariamente las más grandes, sino las más claras estratégicamente.
La economía en K no es un fenómeno pasajero; es una señal de que la segmentación estructural llegó para quedarse. Entender las cifras de desigualdad en México, analizar el poder adquisitivo real de tus clientes y ajustar tu propuesta de valor será la diferencia entre crecer o estancarse.
En un país donde el 10% concentra más de la mitad del ingreso y donde existen brechas regionales de casi 3 a 1 en ingreso trimestral por hogar, ignorar esta realidad no es opción.
La pregunta ya no es si la economía crece.
La pregunta es: ¿para quién está creciendo?
Y tu estrategia empresarial debe responder con claridad de qué lado de la K quieres estar.
