La reducción de la jornada laboral abre una nueva etapa para las empresas medianas, donde la eficiencia, la cultura organizacional y el liderazgo serán determinantes para sostener la competitividad.
La reciente publicación en el Diario Oficial de la Federación (DOF) de la reforma que traza la ruta hacia la semana laboral de 40 horas marca un punto de inflexión para el sector empresarial en México. Si bien el cambio impactará a organizaciones de todos los tamaños, son las medianas empresas las que enfrentan un reto particularmente complejo: escalar su operación con eficiencia sin perder control ni cultura.
El proceso será gradual. La jornada laboral pasará de 48 horas en 2026 a 46 horas en 2027, para continuar su reducción progresiva hasta alcanzar las 40 horas en 2030. Este calendario ofrece margen de maniobra, pero también obliga a anticipar decisiones estratégicas desde ahora.
En México, donde la cultura laboral ha privilegiado históricamente las largas jornadas, el cambio implica romper inercias. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el país se mantiene entre los que más horas trabajan al año, con promedios que superan las 2,200 horas por trabajador, frente a cerca de 1,700 en otras economías desarrolladas.
Además, más de 13 millones de trabajadores en el país laboran actualmente más de 40 horas semanales, lo que evidencia la magnitud del ajuste operativo que deberán enfrentar las empresas, particularmente aquellas en fase de consolidación, como las medianas.
Medianas empresas: entre la estructura y la agilidad
Las medianas empresas representan un eslabón clave en la economía mexicana. De acuerdo con el INEGI, forman parte del grupo de unidades económicas que generan una proporción significativa del empleo formal y contribuyen de manera importante al PIB nacional.
A diferencia de las grandes corporaciones, las empresas medianas no siempre cuentan con estructuras robustas o amplios recursos para absorber cambios regulatorios sin ajustes profundos. Sin embargo, tienen una ventaja frente a las pequeñas: mayor capacidad de inversión, acceso a tecnología y equipos más especializados.
Esta dualidad las coloca en una posición estratégica, pero también las obliga a actuar con mayor precisión.

Un cambio legal que redefine el liderazgo
Para Juan Pablo Ventosa, consejero de administración, miembro de la Real Academia Europea de Doctores, socio fundador de Human Performance y profesor de EGADE Business School, la transición hacia jornadas más cortas debe leerse como una oportunidad para transformar el liderazgo organizacional.
“Reducir horas no significa reducir resultados. Significa elevar la calidad del liderazgo. Las empresas que entiendan esto transformarán un cambio regulatorio en una ventaja competitiva”, afirma.
En el caso de las medianas empresas, donde ya existen niveles de jerarquía y estructuras más complejas, el liderazgo cobra aún mayor relevancia. No se trata solo de dirigir, sino de coordinar, alinear y optimizar.
Productividad: el reto estructural
Uno de los principales desafíos de México es su baja productividad laboral. Datos del Banco de México indican que el crecimiento en este rubro ha sido limitado, lo que afecta la competitividad, especialmente en empresas en expansión.
Para las medianas empresas, esto implica un doble desafío: mantener su ritmo de crecimiento mientras ajustan sus modelos operativos a jornadas más cortas.
La ecuación es clara: menos horas disponibles requieren mayor eficiencia por hora trabajada.
Esto obliga a revisar procesos, eliminar redundancias, invertir en digitalización y fortalecer capacidades gerenciales.
Cinco claves de liderazgo para medianas empresas
Ante este nuevo contexto, Ventosa plantea cinco ejes que resultan especialmente relevantes para las empresas medianas, donde el reto no solo es operar, sino escalar de forma sostenible.
1. De la cultura del tiempo a la cultura del rendimiento
En muchas organizaciones, la presencia física sigue siendo un indicador de compromiso. Sin embargo, este modelo pierde sentido en un entorno de jornadas reducidas.
Las medianas empresas deben migrar hacia esquemas basados en resultados, con métricas claras, objetivos definidos y seguimiento constante.
Esto implica profesionalizar la gestión, establecer indicadores de desempeño (KPIs) y fortalecer la rendición de cuentas en todos los niveles.
2. Coherencia entre estrategia, operación y cultura
Uno de los mayores riesgos en empresas medianas es la desconexión entre la alta dirección y la operación diaria.
Reducir la jornada sin alinear procesos, expectativas y cultura puede generar cuellos de botella, sobrecarga de trabajo y desmotivación.
La clave estará en asegurar coherencia: que la estrategia se traduzca en acciones concretas y que la cultura organizacional respalde el cambio.
3. Leadership Analytics: profesionalización de la toma de decisiones
A medida que las empresas crecen, la intuición deja de ser suficiente.
El uso de datos para evaluar desempeño, identificar ineficiencias y tomar decisiones se vuelve indispensable. El enfoque de Leadership Analytics permite a los líderes entender qué áreas generan valor y cuáles requieren rediseño.
Para las medianas empresas, esto representa un paso hacia la profesionalización, clave para competir en mercados más exigentes.
4. Bienestar y compromiso como palancas de productividad
La reducción de la jornada laboral no solo responde a una demanda social, sino a una lógica empresarial: colaboradores más descansados son más productivos.
Diversos estudios han demostrado que jornadas más cortas mejoran la concentración, reducen el ausentismo y fortalecen el compromiso.
En empresas medianas, donde los equipos son más amplios y diversos, gestionar el bienestar de manera estratégica puede marcar la diferencia en términos de desempeño.
5. Liderazgo consciente para gestionar complejidad
A diferencia de las pequeñas empresas, donde la comunicación suele ser directa, en las medianas la complejidad organizacional aumenta.
Esto exige líderes capaces de gestionar equipos, procesos y cambios simultáneamente.
El liderazgo consciente implica tomar decisiones informadas, gestionar emociones, comunicar con claridad y mantener alineados a todos los niveles de la organización.

Impacto operativo: ajustes inevitables
Para las medianas empresas, la implementación de la semana laboral de 40 horas implicará ajustes en múltiples frentes:
- Rediseño de turnos y horarios
- Optimización de procesos internos
- Posible contratación adicional en áreas críticas
- Inversión en tecnología
- Revisión de estructuras de costos
Si bien estos cambios pueden representar una presión inicial, también abren la puerta a una operación más eficiente y sostenible.
Digitalización: el habilitador clave
La tecnología será un aliado fundamental en esta transición.
Herramientas de automatización, plataformas de gestión empresarial (ERP), sistemas de colaboración y soluciones de análisis de datos permitirán optimizar tiempos y mejorar la productividad.
De acuerdo con la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), la digitalización empresarial ha crecido de manera acelerada en los últimos años, impulsada por la necesidad de adaptarse a nuevos entornos.
Para las medianas empresas, consolidar su transformación digital será clave para enfrentar la reducción de la jornada sin sacrificar resultados.
Competitividad en juego
La transición hacia la semana laboral de 40 horas no ocurre en el vacío. Las empresas mexicanas compiten en un entorno global donde la eficiencia, la innovación y la capacidad de adaptación son determinantes.
Las medianas empresas que logren convertir este cambio en una oportunidad podrán fortalecer su posicionamiento, atraer talento y mejorar su reputación corporativa.
Por el contrario, aquellas que lo aborden únicamente como una obligación legal podrían enfrentar mayores dificultades operativas y pérdida de competitividad.
Un nuevo modelo empresarial
La reforma laboral no solo reduce horas; redefine la forma de trabajar.
Para las medianas empresas, representa la oportunidad de evolucionar hacia modelos más eficientes, flexibles y centrados en el talento.
Como concluye Ventosa, el éxito no dependerá del tamaño de la organización, sino de su capacidad para integrar estrategia, cultura y liderazgo.
En la era de las 40 horas, el tiempo dejará de ser la principal variable. La verdadera diferencia estará en cómo se utiliza.