RSE EN LAS PYMES

Responsabilidad Social como estrategia de Sostenibilidad La Responsabilidad Social se ha convertido en la hoja de ruta de la agenda de desarrollo sostenible en de las grandes empresas. Sin embargo, debe adoptarse en diversos sectores, especialmente las PYMES, ya que a nivel mundial representan el 95%. En México hay 5 millones y aportan el 52%

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Una reflexión de la Responsabilidad Social Empresarial 

Las empresas deben responder de forma asertiva a los retos que el contexto social demanda de ella.   Un análisis detallado de la misión que encumbran las empresas deberá reflejar no sólo el propósito economicista, sino una construcción hacia un escenario de “inclusión” como estrategia de participación hacia la comunidad y por supuesto al medio ambiente, respondiendo

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“La construcción de la igualdad entre mujeres y hombres el punto de encuentro entre dos perspectivas; el género y la Responsabilidad Social” 

La construcción de la igualdad entre mujeres y hombres representa en la actualidad un gran reto para las sociedades, existen diferentes estudios que muestran de qué manera la desigualdad tiene repercusiones económicas que hacen más lento el desarrollo de los países.   Con base en el Índice de Paridad de Género de McKinsey Global Institute, cuyos resultados

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Las “empresas B” y sus implicaciones socio-ambientales 

Las empresas B son consideradas como las empresas del siglo XXI, puesto que a diferencia del emprendimiento tradicional, éstas son enfocadas en generar beneficios amplios, contando con una certificación que garantice estos estándares. Estas empresas son parte de un movimiento global que se distingue por solucionar   problemas sociales y ambientales desde los productos o servicios que comercializan, esto considera también las prácticas laborales, ambientales, con las comunidades y con los distintos grupos de interés. Pero también son parte de un proceso de certificación en donde todas las dimensiones de la empresa son sometidas a un análisis, además de que se realizan modificaciones desde el punto de vista legal para que su misión y propósito empresarial estén alineados y sea posible conjuntar los intereses públicos y privados. Una de las mayores ventajas competitivas de estas empresas es que no renuncian a ser   eficientes ni a generar utilidades y a la vez tienen como objetivo primario el bien común. De ahí el lema de esta certificación que enuncia que “las empresas sociales no compiten por ser las mejores del mundo, sino por ser mejores para el mundo”. El tema de las certificaciones y distintivos ha estado en polémica porque pueden ser percibidos únicamente como algo que las empresas buscan conseguir para mostrar su mejor faceta, alinear a ella su estrategia de comunicación y por lo tanto, elevar la calidad y afinidad percibida por sus públicos de interés. Más allá de quienes lo hacen por lo antes descrito, son estrategias que llaman la atención   de las empresas en su búsqueda constante por diferenciadores y por qué no, también de mejoras que contribuyan al bien común. Cuando estos esfuerzos se hacen de manera genuina, por lo regular comienzan por personas específicas dentro de la organización que tienen interés hacia temas sociales y ambientales; además de que comienzan por pequeños cambios que poco a poco van tocando distintas áreas y niveles. El reto para las empresas sin importar su tamaño, será identificar a esas personas o saber   cómo atraerlas hacia la organización y una vez que ya sean parte de ella, saber cómo canalizar esos deseos de hacer mejor las cosas, en esfuerzos ordenados y profesionales, que quepan dentro de los manuales de la organización o los reinventen. Además de los ya mencionados, ¿cuáles serían los beneficios de que una empresa   cuente con este tipo de certificaciones? Mejor imagen hacia inversionistas y clientes potenciales, ahorros en el mediano y largo plazo, posicionamiento, atracción de talento clave, mejora continua, adhesión a un movimiento (local o global) que los grupos de interés reconocen y con el que se identifican, cambios en la esencia de la filosofía de la empresa y por supuesto, mejoras sociales y ambientales. Lo interesante y realmente valioso de esta certificación o cualquier otra, es vivir toda esa nueva forma de pensar en el día a día y en todos los colaboradores, es decir, que la cultura organizacional de la institución (reitero, sin importar su tamaño), tenga como fundamento buscar ser mejores para la sociedad, para el ambiente, para el entorno. Esto en sí ya es una fórmula del éxito. Tal vez no sea una tarea fácil pero sí es una tarea apasionante y en la que todos ganan. Carmen Carranza Pineda Académica de la Facultad de Responsabilidad Social de la Universidad Anáhuac México Recuerda dejarnos un comentario        También puede interesarte: Cinco consejos para modernizar procesos

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